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!De como despresaron un toro vivo en Sincelejo!

Anibal de luyz2Cornadas a las corralejas (II)
El día que despresaron vivo a un toro en Majagual.ANIBAL DE .-
Por Alfonso Hamburger

Los desvergonzados gallinazos que se disputaban las vísceras de un toro que acababan de despresar vivo cerca del toril, escena protagonizada por una manada de hambrientos desadaptados, empezó a enrarecer la corraleja de Sincelejo que era, hasta entonces, un espacio para celebrar la cosecha y se había convertido en el detonante publicitario que convocaba a la gente a la mejor y más esperada fiesta de la región.

La grotesca faena sobre un toro criollo llevado contra las cuerdas exactamente donde hoy se yergue la efigie de la bailadora Pola Becté, en la Plaza de Majagual, hizo que Aníbal D’ Luys Polo, entonces un imberbe locutor, abriera más sus ojos o más bien los entrecerrara, sin intuir que con ellos mismos iba a ver años después el derrumbe de los palcos en la plaza de Mochila, donde hubo más de quinientos muertos. Nunca se precisó la cifra, porque muchos familiares cargaron sus muertos para enterrarlos en lugares distantes, donde hoy no queda ni la tumba ni la cruz. Muchos de los que sobrevivieron, algunos de ellos residentes del barrio de las viudas, aún caminan chuecos.

Era el primer contacto del locutor con la corraleja. En el palco de la junta, de donde tiraban fajos de billetes y dulces a los pies del toro, los ganaderos observaron aquel despellejamiento del animal con cierta impotencia. Debían hacer algo. Se habían burlado de ellos en sus barbas y los toros habían sido burlados también. Sintieron que les estaban perdiendo el miedo y el respeto y que la corraleja se encaminaba hacia rumbos inciertos. Si seguían echando al ruedo animales mansos, con el tiempo iban a convertirse en el hazmerreír de la gente. Tenían entonces que meter toros asesinos, quizás de media casta, para que nadie les faltara el respeto.

No todos pensaban lo mismo. Hubo alguien con una visión atrevida para la época que determinó que era urgente implementar una campaña cívica para que los sincelejanos adquirieran un mejor comportamiento y es cuando convencen a D’ Luys Polo para utilizar los medios de comunicación con tal de lograr que la gente se portara mejor. La campaña, transmitida por Radio Sincelejo y a la que se vinculó Aurelio Gómez Jiménez, su perenne director, dio resultado, pero los ganaderos, que ya habían aprendido la lección, para que no les siguieran perdiendo respeto comenzaron a meter toros de media casta. Surge entonces el famoso toro negro, proveniente de Caimito, cuya leyenda de empautos merece una crónica por aparte.

Las corralejas en Majagual se celebraron hasta 1964, cuando esta ciudad era del viejo Bolívar Grande. En el año 1967 nace el departamento de Sucre y para la época la corraleja recibía influencias de todo tipo. Vino el movimiento guerrillero y algunos ganaderos comenzaron a negarse a que se les nombrara en los porros, porque se hacían visibles y potenciales víctimas del secuestro. En 1983, el ganadero Ricardo Sierra Cure, que había sido secuestrado, se negó a ser el protagonista del porro El Arrancateta. Cuando Armando Gutiérrez le mostró la letra, escrita en una hoja de cuaderno, de una hizo que le borrara el nombre, entonces el que sí se inmortalizó fue Aníbal Monterrosa, que tiene desde entonces un toro que se destaca y que hace la fiesta.

La corraleja se comercializa más y al locutor le tocó refugiarse en Cartagena por unas amenazas de muerte, pero regresa a Sincelejo en 1979, precisamente un año antes de que se cayeran los palcos en Mochila, esa macabra escena que se le había presentado en una visión dos horas antes de hacerse real. Las damas grises habían recibido a manera de donación para sus campañas contra el cáncer un cuadro del palco en la corraleja de la plaza Hermógenes Cumplido (Barrio Mochila) para explotarlo, pero se encartaron con el negocio. No tenían cómo vender esas boletas ni cómo administrar la donación. El alquiler les costaba 200 mil pesos a los particulares, pero ellas lo cedieron por 100 mil pesos. D’ Luys compró los derechos por 200 mil pesos y las damas grises se ganaron 100 mil sin mover una silla. Aquella vez, D’Luys, en vez de bancas de madera, puso sillas de un cine confortables y numeradas. Instaló baños públicos y el licor se servía a través de un sistema de carruchas que llevaban el servicio al sitio donde estaba el cliente sentado, sin necesidad de levantase. Hubo preventa de boleta y el sitio se llenó de ejecutivos. Aquello probó que el concepto de un buen servicio sí se podía implementar en las corralejas. Así mismo, los medios de comunicación usados en la oferta fueron un buen ejemplo. Se implementaba la pedagogía recursiva.

Sin embargo, luego de enero de 1980 cuando se cayeron los palcos sobrevino la peor publicidad posible para las corralejas. Incluso llegaron hasta agentes del cine con el señor Mitrioti quienes grabaron solo la parte truculenta, la crudeza de aquella barbarie, para desprestigiar el evento, según señala Pedro Emiro Mendoza Caldera, Pemeca.

Fue una estocada medio diabólica y para algunos, medio política. Se tejen misterios aún no develados sobre esta tragedia, que en una escala de muerte y dolor sería el segundo más sangriento, porque del primer lugar nadie destrona en el que los paramilitares y guerrilleros masacraron a cientos de personas durante su incursión en la región y también los llamados falsos positivos, cometidos por algunos agentes del Estado en tiempos más recientes.

No obstante, ningún evento festivo eclipsó el recuerdo de las corralejas, sea bueno o malo. Reinados, festivales, desfiles y otras ofertas no llenaron el vacío de los adeptos que tiene esta afición. A diferencia de otras tragedias, no hubo campo santo en el lugar de la caída de los palcos, no vino el papa desde Roma a echar agua bendita como sí pasó en el sitio donde alguna vez se erigió Armero, en el Tolima, arrasado por una avalancha causada por el río Lagunilla y formada por el deshielo del volcán del Ruiz. En ese piso fangoso de Mochila, donde se mezcló la sangre con el barro y el piso movedizo por el relleno mal hecho que impulsó el debilitamiento de los palcos se fundió con espermas fandangueras y se volvió a bailar el porro y el fandango, hoy hay un campo de fútbol, pero sus espacios a veces los usan para espectáculos. Es decir, como sea la fiesta siguió.

Las corralejas volvieron al finalizar de la década de los 90, pero ya no cayeron en las manos del ganadero solamente sino de los comercializadores y en ocasiones, del paramilitarismo. Esa modalidad nueva introducida por una cultura citadina que ya había abandonado mucho ese halo campesino las hizo ver como algo lejano y extraño, ahora no solo ambientada con palito, bombos y vientos, sino también con picós, champeta y reguetón hasta que en el año 2013, un alcalde cerró los ojos y dijo no más corralejas.

¿Qué ha pasado en estos cinco años sin corralejas? ¿Ha crecido o ha decrecido el gusto por ellas? ¿Ha subido o bajado la inseguridad en la ciudad, una de las razones expuestas por el señalado alcalde que las suspendió?, ¿Cómo le ha ido a los sectores hotelero y empresarial? ¿Ha incidido la suspensión de las corralejas en su crecimiento o decrecimiento? ¿Qué eventos y escenarios alternativos se han promovido? ¿Cuál ha sido el crecimiento real de Sincelejo en estos cinco años? ¿Es la corraleja un factor de injerencia en ello? ¿Legalmente las corralejas pueden volver? ¿Es una amenaza su regreso? ¿Se pueden hacer unas corralejas seguras, en las que no mueran humanos ni animales? ¿Se debe seguir considerándolas patrimonio cultural de la Nación? ¿Por qué se sigue hablando de la de Sincelejo con pasión tanto por seguidores como detractores? He allí los interrogantes que resolveremos en nuestra próxima entrega. Ojalá los lectores nos ayuden en esas respuestas.

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