DANIEL “ÑANE” PEREZ Y LA RAZÓN DE LOS VENCIDOS.

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– En Corozal hallamos a un poeta que funge como un Deicida.

UNO.

Lo único que le quedaba vivo esta mañana a Daniel  Tovar cuando hablamos por teléfono era su voz clara e inteligente.  Dijo que estaba solo, abandonado de su familia y con un hambre que se devoraba sus propias vísceras. Anoche se acostó sin comer y al levantarse esta mañana no tuvo ni para un pan de sal. Para colmo de males tenía las piernas muertas y no cargaba en los bolsillos de su ancha pantaloneta sonantes para las pastillas contra la hipertensión, que sólo valen 250 pesos las de 50 miligramos.
Y para más colmos, estaba en una casa alquilada en la calle de Los Manguitos, pero no tenía las llaves, por lo que no podía hacer un solo mandado. No se atrevía a dejar la casa sola y con las puertas sin seguro, pese a sus precarias pertenencias. Vive  de la caridad de algunos vecinos y de los pocos amigos que se acuerdan de su efímera fama. A duras penas le sobrevivía su voz tan inteligente y esa agudeza mental que se le desbordaba en aquellos ojos vivaces, redondos, pero ya algo agrietados por la pobreza de estos días. Más que pobreza, lo de este poeta, es indigencia, abandono, incluso de él mismo. Ha sido como un deicida.
“El hambre es como la fama, a veces es pasajera, se alborota unos veinte minutos, pero después a uno se le olvida”, dice, ahora que lo tenemos al frente y yace condenado a una parálisis endemoniada, que lo tiene atado a dos muletas viejas.
Su fama y el hambre son lo mismo. El hambre se le olvida leyendo lo que le cae en sus manos y su fama fue pasajera. Eso lo dice su presente, en que tiene que tiene que entregarle base por bola al desayuno a ver silo mata en la segunda, mientras que las noches son un pisa y corre del insomnio.

DOS

Como tantos músicos sabaneros que han pasado por mis manos- aunque no soy cirujano- Daniel El Ñañe Pérez, famoso por la canción “Con los talones pa lante” en la década de los 70, en la que se burla de la muerte y de la resurrección, me llamó para que fuera a Corozal a confesarlo, como si yo fuera un cura.
– Estaré esperándolo en Los Manguitos, sentado en la puerta de la casa para que no se pierda, me advirtió.
Trato hecho, le respondí. Y me preparé para complirle, pero en ese momento me acordé del maestro Raizar Capuchinski , quien advirtió que la persona que no sabe compartir no sirve para periodista. Fue cuando me comuniqué con Ismael Martínez Beltrán- Papaisma- conocido químico y mejor humorista, quien a las cuatro de la tarde ya estaba frente al conjunto Residencial Linares, donde vivo, pitando su hermosa camionera blanca. Isma es preguntón y le gusta el periodismo. Además, es muy humanitario.
Ismael, en verdad no sabía de lo que se había perdido. Daniel “Ñañe” Pérez es uno de los compositores sabaneros más inteligentes y extraños que se hayan dado. Es un tipo autodidacta, de muchas lecturas y de pocas canciones grabadas, pero dueño de una rebeldía contra sí mismo, que le impidió que su obra, que podría equiparase a la de Adriano Salas en el abordaje de temas complejos y con marcado acento poético, fuese grabada. Después que le grabaron las primeras canciones (Con los Talones pal ante), con la que fue admitido en Sayco, se cerró a la banda. Sus canciones nunca las hizo para usarlas comercialmente, sino como un acto poético exclusivo de su intimidad. En eso, Daniel trata de parecerse a Emiro Zuleta Calderón, cuya obra grabada no pasa de 37 poemas, la mayoría grabados casi a la fuerza por Jorge Oñate. Fue sonsacado y sustraído de su aclamada intimidad.

TRES.

Mi compadre Felipe Paternina, siempre atento a los avatares del folclore, nos ilustraría antes de que le cayéramos en donde reposa, abandonado casi por todos y de todo. Lisandro Meza le grabó a Daniel un hermoso cumbión que estuvo a punto de causarle un infarto, porque ya estaba prensado en el acetato y se negó a darle la firma. Esas fueron algunas de las referencias, antes de llegar a la calle Los Manguitos, un sector popular de trapos en la calle y de miradas exultantes. Igual, Ñane dejó una invitación del Banco de la República tirada, donde iba a presentar su obra. Aquella vez, para cuadrar los tonos del acordeón, fue donde Felipe. Se presentó a las tres de la tarde cuando el acordeonista lo esperaba viento televisión en su habitación y como éste no salió enseguida, dio media vuelta y se fue. A Pérez no le gustó la frase “Voy a ver si te recibe” que le dijo alguien que había llegado de visita y lo atendió.
“Como que voy a ver si te recibe, cuando estábamos comprometidos”, dijo Pérez, para salvar su reacción.
Eso pensaba, mientras avanzábamos a Los Manguitos. Ñañe es un tipo complicado.
Con esa precaria información, Ismael se aventuró en la calle pedregosa que está doblando por Punto Azul, en la Troncal, reposando en una bomba de gasolina antes del caballo de La Macarena, según las iniciales indicaciones de Pérez, mientras mirábamos dónde pisar.

Ñañé respondió su celular antes que timbrara, como si estuviese esperando la llamada de su vida. Con voz fuerte- es una de las cosas que no ha perdido- indicó el camino: doblando a la derecha Ismael enrumbó su camioneta a través de un barrio popular lleno de adioses y de mujeres que salieron a pasear el baño de la tarde. Hay rezagos del mercado tropical y de la feria de productos- Iba ya a estrellarse con una calle sin salida, cuando la potente voz de un anciano nos detuvo en seco. Salía aquella voz del cascarón de una casa sola, donde fue llevado después de un mes en cuidados intensivos en un hospital de caridad. Es la voz de una garganta arrugada por los años. En el marco de la puerta se asomó primero un par de muletas y tras éste un anciano sin camisa, demacrado, en una pantaloneta ancha que se le caía, dejando ver un racimo marchito. Como pudo se apresuró a reacomodar su trapo ancho. A duras penas pudo levantarse para ofrecernos el único asiento disponible, porque el otro estaba ocupado por un radio, unos periódicos viejos y una mochila donde guarda sus medicinas y sus canciones revueltas con toda suerte de fórmulas médicas y baratijas. Allí estaba pintado su genio. Nunca estuvo seguro de que íbamos a verlo y por ello ni se molestó en alistar los taburetes, por eso se apresuró a limpiar como pudo-con manotazos severos- el puesto que quedaba libre a Ismael, mientras yo inspeccionaba la casa: no es más que una habitación con una camita de una sola pieza, un patio pequeño y la salita de estar, donde un abanico de pie mata el bochorno de la tarde.

CUATRO.

En realidad – soy sincero- deduciendo que no se había bañado y que acababa de hacer una deposición, sus manos no me representaron confianza de higiene, de modo que me las tiré de loco, mientras pasaba a supervisar la casa. Ismael, hizo lo mismo. El químico no le dio la mano ni al despedirse, pero le dejó pastillas para la hipertensión para 75 días. El viejo se notaba muy débil, desaseado, casi en cueros y barbudo, con una dentadura irregular, con comida en la comisura de sus dientes. A duras penas, con la mano pelada, mientras ponía las muletas en la pared, iba retirando las cosas que impedían ofrecer la silla a la visita. Lo único que le daba vida a esos cueros deshilachaos, rugosos, eran sus ojillos, que seguían vivos e inteligentes y su voz intacta. El tipo es muy inteligente. Tan inteligente que se ha matado a sí mismo, como algunos genios.
Pérez estuvo un mes de caridad en un hospital, atacado por un vahído y había durado veinte días sin bañarse y sin rasurarse los pelos lampiños de su barba. Sin hijos a la vista- dice que hay uno por la calle que vive en el exterior- , sin mujer y echado de casa por su propia madre, el compositor ahora atravesaba el peor momento de su vida.
Ismael Martínez, después de hacer un presupuesto de su hoja de vida en el ejercicio de hombre andariego, mujeriego y parrandero, le preguntó que si este estado de pobreza era el resultado de lo que había sembrado en esos años. Fue donde Daniel trató de incorporarse de su estado de invalidez, entonces expuso toda su altanería. De ninguna manera, respondió, no he sido un hombre malo, pero de pronto terco sí.

CINCO.

Daniel Pérez Tovar, Ñane, nació en Corozal hace 70 años. No fue al colegio, pero desde que conoció la importancia de leer, no se separó de los libros. Habló de cuarenta, entre Cien Años de Soledad y La Ilíada. Y no conforme con su propia respuesta, advirtió que sería muy profuso hacer un recuento de toda la obra leída en su vida, aquella que le daba luces para pulir sus versos.
La respuesta, altanera y contundente, provenía del precario análisis que Ismael había hecho de su hasta entonces última canción, sin título aun, en la que usa la palabra damisela, para referirse a la muchacha imposible, que le fue infiel. Una vez la tarareó, aparte de bonita, le advierto que es muy corta, entonces esgrime toda su gracia:
– Si te parece muy corta, cántala dos veces.
Aun así, en la precariedad de su estado físico pero con altivez emotiva, Pérez seguía aferrado a la escritura. El libro donde ordena sus garabatos, lo había sustraído de un una mochila vieja, atestada de fórmulas médicas y variados cachivaches, donde naufragaban sus últimos versos.

SEIS

Guacharaquero de variados grupos vallenatos- acompañó a Alejo y a Nafer Duran por muchos años- Daniel El Ñañe Pérez nunca se acomodó con mujer alguna. Como juglar de los de antes que nunca pensaron en regalías ni en seguridad social, su vida andariega lo llevó por muchos pueblos y sus amores los diluyó en muchas mujeres de ocasión. No les prestó atención a hijos y aunque debe haber muchos, lo cierto es que ahora no tiene quien vele por sus 70 años mal contados. Su madre solo tenía trece años cuando lo trajo al mundo. Hoy ella tiene 83. Después ella adoptó a una niña a la que le puso los apellidos Pérez Tovar. Esta, acusa Ñane, se apoderó de los pocos vienes de la anciana. Y sus sobrinos, que llevan sus mismos apellidos, terminaron tirándolo a la calle.
El personaje, bueno y sano, aparenta estar borracho. Una dislocación en la columna- por lo que tiene que consumir neurovion constantemente- lo fue encorvando tanto, que su figura es la de un hombre malo. Gruñón. Un personaje que se desplazaba por la calles fisgoneando y con apariencia de malvado, pero en el fondo, su mente iba generando poesía.
Vivió diez años en la residencia de La Negra Gamarra, dueña de un prostíbulo de Corozal, donde el compositor ayudaba a labores varias, pero este negocio, al cambiar el comercio del amor, con el surgimiento de las chicas prepagos y las apartamenteras, se quebró. Ñañe fue una de las víctimas. Quedó en la calle.
Hace un mes largo, el compositor sufrió un vahído y se desmayó. Despertó en un hospital de caridad, atendido mediante un carnet de Cafesalud, la entidad que fue cerrada en 500 municipios recientemente, entre ellos Corozal. Amigos como Holman Salazar y algunos vecinos, fueron a verlo. Ya parecía un cadáver al que la cabeza parecía sobrarle. Quedó en los puros huesos. Los ojos vivos, la mente limpia y la cabeza, trataban de sacar adelante aquel cuerpo viejo, especie de amasijo, que había perdido las piernas.
Gracias al maestro Gilberto Torres, que lo inscribió en la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, Sayco, cuando la entidad era más bondadosa y se admitían socios de diez canciones, Ñañe Pérez percibe un bono de 450 mil pesos mensuales. De ellos paga 250 mil en la casa donde vive. Con el resto trata de matar el hambre. Para la hipertensión, esa enfermedad silenciosa que lo acosa, toma diariamente pastillas de 50 miligramos dos veces al día y para los dolores de la columna, neurovion, cuyo paquete vale 26 mil pesos.
Sobre el tema de su familia, dice que una vez quedó en la calle, se fue a casa de su madre, donde vive su media hermana con seis hijos de su mismo apellido, pero el muerto y la visita, después de tres días hieden.
– Yo no llegué con el pretexto de reclamar, sino de buscar alojo, dice Ñañe.
Pero caramba, fue lanzado.

SIETE

Daniel es un compositor rebelde y tardío, que vio la luz de una grabación a los treinta años. Acostumbrado a oficios menores, como hacer mandados o cargar bultos- su padre era cotero- siempre tuvo temor a mostrar los versos que hacía al calor de oficios duros. Como no fue al colegio, no se sentía con solidez para crecerse compositor, pero en 1974, con el surgimiento del Festival Sabanero del Acordeón, salieron a la luz todos aquellos talentos regados por la sabana desde que el mundo es mundo. Quiso hacer una canción diferente, que no hablara de amor ni de esas pendejadas y cursilerías. Que se apartara de lo común. En esa estaba, cuando un día que estaba parado al frente de la iglesia de Corozal, observó que venía un sepelio. Desde el sardinel de su intriga, metió su imaginación en el ataúd de su razón y vio, nítido, el cadáver con los talones hacia adelante, entonces entró en meditaciones metafísicas. De allí surgió su éxito, su primera canción, “con los talones pa lante”, que se apresuraron a grabar Felipe Paternina con Ricardo Cárdenas. Después Gilberto Torres le grabó 13 temas. Y Paró cuando se dio cuenta que sus canciones no pretendían la fama, sino un ejercicio intelectual íntimo. Como todo genio, se volvió un egoísta, un ególatra, un deicida, sin entender la razón de los vencidos.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

2 Comments

  1. Hola, buen dia.
    Quisiera saber si hubo en Corozal otro Ñañe Pérez, por allá en la década del 40 al 50, según un personaje muy poderoso de la región.

    Agradezco la información

    Cordialmente,
    Bernardo Corrales

    • Hubo un ganadero muy rico, muerto por la guerrilla en su finca, apellido Pérez, pero no se el nombre completo. Murió en los años noventas o principio de este siglo. Su casa quedaba al frente de la Iglesia, en pleno centro.

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