Crónicas

Así destruyeron la sierra y la flor (III)

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EL CAPITÁN Y SUS OJOS DE ARDILLA

 

Por Alfonso Hamburger

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  • Este hombre, que dice haber recibido la sabiduría de los mejores sabios zenues, tiene a la concesión de la autopista Sincelejo- Toluviejo contra las cuerdas, pero la Sierra ya recibió un bocado de la posmodernidad.

 

El capitán tiene los ojos de ardilla y la voz  nasal, ronca y a veces brillante de una serpiente. Él  mismo es como es una serpiente, como la que trepa el cerro de la Sierra Flor, con la diferencia de que es una culebra humana que se le enrolla en el pescuezo a la empresa Autopistas de la Sabana y la paraliza, la engulle, la asfixia. Es una pelea de vida o muerte, de lo ancestral contra las arremetidas de la modernidad y el desarrollo vertical tan desprestigiado. Parece pelea de toche con guayaba madura, pero los sabios dicen que no hay enemigo pequeño. La actitud de varios ranchos, en la mitad de la vía, parecen vigilantes, ante el monstruo que trepa.

Sus ojos, profundamente negros y redondos, de una inteligencia visible, a veces , cuando el día es transparente como hoy, se extasían en el valle que se abre sobre el mar Caribe y desde el copito del cerro que aún queda- con un brazo cercenado por las paladragas- observa cuatro espejos de agua refractantes en el valle. A su izquierda la ciénaga de Momil y más al centro la bahía de Cispata, en San Antero.  Ahora, sus ojillos brillantes, como si fuesen una cámara de televisión, giran sobre su eje de abarcas y techo de palma: observan solitarios- sin quien los ayude a mirar- el mar de plata de Coveñas y un tantito después la ensenada de  Santiago El Mayor, el bello Santiago el mayor, Tolú.

No hay bruma que empeñe su mirada más allá de sus lágrimas, porque puede ver los buques grises atracados en el muelle de Tolcemento (hoy Argos) y las gaviotas que revolotean sobre el manglar de las garzas y los gallinazos que vuelan alto haciendo círculos y los aviones metálicos que esporádicamente empañan lo natural dejando solo la estela de nubes como si fuesen cortadas al cielo azul;  y antes, una vegetación de pesebre atropellada por el fenómeno del niño, entre amarillos y verdes resistentes. Sus ojillos de ardilla lloran de felicidad y lloran de impotencia. No existe en Sucre un mirador como éste. Allí se paraban sus ancestros para vigilar a sus enemigos.

No hay en este Departamento algo igual, es un tesoro de belleza sin igual, como sus verdes montañas, sus arroyos y su mar. Y lloran de tristeza  sus ojillos de ardilla cuando miran a sus pies: después de sus abarcas tres puntadas, en la orilla del rancho de palma a medio terminar, se aviene un precipicio. Es como si al cerro sagrado, antes poblado de vegetación avasallante, de donde los indígenas sustraían sus medicamentos, le hubiesen cercenado el brazo izquierdo. Ahora, sobre la perspectiva, mirándolo desde arriba- allá abajo sobre la carretera negra van vehículos como hormigas- lo que hay es un despeñadero que se desmorona y amenaza con llevarse en banda la torre de interconexión eléctrica. Apenas se ve el coletazo del sol sobre el poniente. El cerro llora. El capitán llora en soledad. -¡Señores, la Sierra Flor ha muerto!

 

II

 

¿Quién es este hombre pintoresco que parece sustraído de una fábula de indios salvajes, que parado en la raya, tiene en sus manos la concesión de 122 mil millones de pesos entregada por el Gobierno Nacional  a Autopistas de la Sabana?

Su nombre es Luis Rafael Martínez Martínez. Tiene 54 años y a primera vista se ve mucho más joven que su mujer, Judith, la capitana, que a esta hora prepara los alimentos: arroz blanco bolado con ajíes y el guiso de las hojas de una planta que hace furor, la moringa. Claudia Castellanos resume el plato así: Arroz de lentejas con guisado de moringa.

Luis lleva el pelo largo amarrado en una cola de caballo y un sombrero concha de jobo que tapa su gracia. La brisa pega entre veces, amainando los 39 grados que señala el celular.

-Estudié en la mejor universidad del mundo, la escuela de la vida- dice-, mientras hurga con una vara las hormigas arrieras que invaden su rancho. Ellas hablan de inviernos lejanos. El verano  tiene la tierra estragada, que con el contraste de la barranca, presagia desastres. Martínez, capitán del resguardo Sierra Flor Cacique Chinchelejo, dice haber hecho algunos cursillos de mayordomía y otros, pero que en realidad la sabiduría se la han dado algunos libros de superación personal y tres maestros de la etnia que ya murieron.

Desde que se mudaron a este lugar- son 40 familias indígenas que viven en ranchos a medio terminar- duerme solo, con una rula  dispuesta al lado y una lámpara para mirar done pondrá los pies. Lo han mordido siete serpientes venenosas y ha curado gente que estaba desahuciada. Es un chamán que también sabe de leyes. Que se para firme en sus abarcas tres puntadas remojadas en el sereno de tantas noches en vigilia. Camina descalzó a veces para mejor sigilo mientras el mundo duerme.

– La gente cree que queremos plata, dice, mientras  pasa la vara de espantar las hormigas de la izquierda a la mano derecha. Las hormigas insisten en anunciar inviernos tardíos. Ellas anuncian que el primer aguacero pegará el 5 de abril, como realmente sucedió.

 

– Ellos (Los de Autopistas de la Sabana) creen que solo queremos dinero, afirma.

Se refiere a las negociaciones. Le han ofrecido tiros y le han ofrecido plata. Los de Autopistas de La Sabana quisieron desmoralizar el movimiento informando a su acomodo. La consulta previa,  que se inició después que el daño estaba hecho, con reuniones de socialización, estaba cercana a los dos mil millones de pesos. Con esa información, se hizo creer a la opinión pública “que los indios querían era plata”.

– La cuestión no es de plata, afirma Martínez, volviendo su mirada al horizonte, como buscando una respuesta más clara. Rebusca las palabras en el aire ahora denso. El sol se apaga un poco por el paso de una nube solitaria, que corre paralela a la leve brisa.

Si el daño ya está hecho, porque La Sierra llora y jamás volverá a ser la misma, ¿cómo calcularlo? Ese es el dilema. La tarea no parece fácil. La pérdida económica es grande. Las máquinas pesadas quedaron en la intemperie en ese sector y cuando llueva la erosión puede causar un desastre. Las adiciones presupuestales a la obra ya cuadriplican el monto inicial de la inversión. Pero los depredadores son más astutos, cerrada la mina del cerro del águila roja- así lo llama la a valuadora privada-, abrieron otra más arriba, de donde siguen sustrayendo el balasto para la doble vía. Les cierran un camino y abren dos. La pelea es larga y tendida. Acá todo es olvido, porque esta noticia no sale en la gran prensa. El caso de Caño Cristales, en la Macarena, es una esperanza. Y ojalá se produzca un efecto dominó, piensa.

 

III

El tal cacique Chinchelejo parece un invento. El historiador Edgardo Tamara Gómez, afirma que no hay registros en las crónicas de indias sobre este personaje. Sin embargo, la cultura oral ha vendido la idea que de éste se deriva el nombre de Sincelejo. Es una especie de fábula que no parece descabellada. La Nación entera debe un reconocimiento a estos indígenas más allá de ponerse un sombrero vueltiao , símbolo nacional por encima del  café o las esmeraldas.  Además,  otros vestigios de su cultura, como la manera cómo manejaban las aguas en La Mojana, los ponen a la altura de los más grandes ingenieros hidráulicos de la humanidad, entre otros legados.

Es en este legado en que Luis Martínez afianza la defensa al pico más alto de los zenues en esta zona, la  Sierra Flor.  El capitán advierte que nos han engañado, que la historia ha sido manipulada. Sus conocimientos parecen intuitivos, como si se los legara un espíritu mayor que le habla desde el más allá. Y es entonces cuando revela que Chinchelejo llegó al gran cerro en 1206 y que gobernó como los dioses. Que su imperio se extendía de La Guajira al Canal del Dique. Para patentizar su memoria, en uno de los ranchos, hay un cuadro primitivo con la imagen del cacique venerado.

Lo que se sabe es que la población zenu, dividida en tres zonas ( Panzenu, Finzenu y Zenufana), habitó estas tierras 200 años antes de Jesucristo, pero que fue diezmada hacia 1400 después de Cristo, por circunstancias diversas. Por ello, al llegar los españoles, en 1776, ellos estaban refugiados en los cerros más altos,  al parecer para protegerse de sus enemigos. Y uno de ellos, es la Sierra Flor, hoy destruida.

UNA MASACRE INMENSA.

Se calcula que la población indígena zenu era de 12 millones de habitantes a la venida de los españoles.  La masacre, en esta zona alta, conocida como Montes de María, fue de unos trescientos mil.  La población actual. Puede superar los 50 mil y la sierra devastada, fue su sitio sagrado por mucho tiempo.

La periodista y cineasta Claudia Castellanos, interesada en el tema, habla de  devastación y de minería ilegal.

La resistencia indígena y sociedad civil lleva cuatro años. La Corte constitucional, mediante sentencia T-436 de 2016, ordenó detener las retroexcavadoras de la concesión Autopistas de la Sabana que trabajaban sin título minero o autorización temporal por la Agencia Nacional Minera en la zona.

La Corte entonces otorgó el derecho a la Consulta Previa a seis cabildos indígenas, pertenecientes al Resguardo Chichelejo del departamento de Sucre, que defiende la montaña. La decisión del Alto Tribunal se fundamentó en informe de Instituto Colombiano de Antropología e Historia – ICANH que reconoce la Sierra Flor como un sitio sagrado de la etnia Zenú, cementerio indígena prehispánico y admite que el camino denominado como El Sillete de los Indios era el único acceso de los ancestros que venían desde el Golfo de Morrosquillo hacia la sabana de Sucre.

La concesión arrasó con 20 hectáreas entre especies de plantas y cultivos y 10 mil toneladas de material (balasto y piedra) fueron extraídos para terminar otro proyecto: la doble calzada Sincelejo-Sampués.

Hay otras pruebas, según un concepto de La Corporación Autónoma Regional de Sucre – Carsucre, sobre el desplazamiento y desaparición de especies animales (monos, conejos, guartinajas, morrocoyes, guacamayos y guacharacas, éstas últimas en vías de extinción); además del truncamiento de dos proyectos, avalados por Conciencias y el Sena, con plantas aromáticas y cítricas para medicina tradicional.

El desastre ecológico también viola el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del municipio de Sincelejo que contempla al cerro bajo la categoría de ‘zona de suelos y bosques protección ambiental’; también atropella la Ley Nacional de Cultura que protege los territorios naturales en Colombia como patrimonios inmateriales.

Para los abuelos de la etnia Zenú, la mutilación del cerro es una deformación de éste paisaje panorámico, donde se observan los montes de María y el mar; considerado patrimonio ecológico y escudo protector de la ciudad de Sincelejo, respecto a los vientos huracanados que vienen del Golfo de Morrosquillo. En las últimas lluvias, de noviembre de 2016, varios sectores del barrio Salvador y El Mirador se vieron destruidos por los vientos huracanados.

Respecto a los trazados diseñados para este proyecto de nueva calzada, la concesión propuso tres. La mejor propuesta técnica era construir una variante con una bifurcación que condujera al municipio de Sampués y así evitar el desmonte del cerro y el acceso de tráfico pesado a la capital sucreña; caso omiso, les convino más inducir el trazado hacia el casco urbano, con la intención de justificar la extracción del material de la Sierra. El flujo de carga pesada hacia la ciudad afectaría la seguridad de cientos de estudiantes de cinco instituciones educativas ubicadas en la zona.

Los grupos indígenas, beneficiados con la sentencia de la Corte, esperan que en el proceso de Consulta Previa, el Concesionario vial les permitan hacer identificación de los impactos sociales, económicos y naturales, de manera que se reivindique con carácter urgente, la vía de acceso al cerro; se reforeste la zona con las especies que existían y, se garantice la contención de los taludes que sostienen varias torres eléctricas que abastecen una porción de la electricidad de los departamentos de Sucre y Bolívar

 

Próxima entrega: Los Nule estuvieron tras los primeros contratos y no se descarta la presencia de Odebreht .

(Continuará )

 

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